El blanco y amarillo, colores básicos de la monja blanca, fueron desvaneciéndose de los bosques verdes de Guatemala desde 1996, año en el que se registró el inicio de su extinción

El botánico Fredy Archila, quien se encarga del estudio y rescate de la monja blanca, en entrevista para la Agencia Guatemalteca de Noticias contó cómo ha sido el resurgir de la flor nacional.

“La monja blanca es un ícono de la biodiversidad guatemalteca. Es un símbolo de esfuerzo y lucha. Esta se encontraba extinta en la naturaleza desde 1996 hasta el 2017, cuando se logró reintroducir por medio de varios procesos. Quedaban pocos ejemplares”, expresó el también especialista en orquídeas.

La monja blanca es uno de los símbolos del país, fue designada flor nacional el 21 de febrero de 1934, según acuerdo gubernativo firmado por el entonces presidente Jorge Ubico.

La conservación

El rol que la monja blanca juega en el ecosistema guatemalteco es básico, aseguró el botánico, ya que si se rompe, altera los ciclos y equilibrio ambiental. En esto radica la importancia de su conservación, acotó el también agrónomo.

Archila informó que hubo varios análisis para lograr reproducirla y mapeos para introducirla, para pasar de 80 plantas en colecciones a 500 en la naturaleza y miles más en bancos de cultivo.

“En 2017 metimos a la naturaleza las primeras 400 plantas y en 2018 otras 200, lamentablemente de estas últimas fue descubierto el lugar y saquearon 100, que ahora están en colecciones dentro y fuera de Guatemala”, afirmó el experto.

La primera amenaza de las orquídeas incluyendo a la monja blanca es la destrucción de los bosques. La segunda es el saqueo que personas hacen para venderlas a coleccionistas ilegales.

Actualmente donde más se encuentra la flor nacional es en Alta Verapaz, señaló el botánico.

Nuevo nombre de la flor nacional

Fredy Archila es un reconocido botánico y agrónomo en el país. Lleva varios años de investigación y trabajo con la monja blanca. Su esfuerzo le valió ser galardonado el año pasado con la Medalla Presidencial del Medio Ambiente.

Uno de los aportes más importantes que han marcado la historia de la flor nacional y de Archila es la corrección del nombre de esta, ya que, en 2011, junto con el francés Guy Chiron, fue renombrada como Lycaste virginalis forma alba (Dombrain) Archila y Chiron.

Además, publicaciones y artículos internacionales de botánica han hecho eco de las investigaciones de Archila, no solo con la monja blanca, sino con otras especies.

La casa de la monja blanca

Actualmente en Cobán, Alta Verapaz, se encuentra la Estación Experimental de Orquídeas de la Familia Archila, la cual está reconocida por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap). Esta cuenta con un banco de germoplasma que conserva el 15 por ciento de la biodiversidad vegetal de Guatemala.

“Esta estación fue fundada por mi padre en 1970 como un centro de rescate. Además funcionamos con un centro de investigación, información y educación. Tenemos reconocimiento internacional. Las orquídeas, especialmente la monja blanca, llevan un proceso complejo que consta de cinco fases de reproducción, las cuales realizamos”, refirió Archila. 

Por último, el botánico hizo un llamado para que la población tome conciencia de la importancia del resguardo del medio ambiente.

“La gente no debería comprar plantas extraídas de los bosques. Es importante valorar y entender el privilegio que tenemos como uno de los 20 países megadiversos, trabajar en la ética y educación ambiental. No es un tema solo de Gobierno, es de país para conservar lo que nos queda en la naturaleza”, finalizó Archila.

Por El Metropolitano

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