Mario Reyes / mariorolandor@gmail.com

Guatemala es un país con un tercio de población joven, pero mal nutrida, olvidada, abandonada y solo 0.75 centavos de dólar es invertido por el gobierno para programas que apoyen el desarrollo integral de esta población que es el futuro de nuestra nación, pero a como van las cosas, el mismo es sombrío gracias a la nula ayuda gubernamental, según el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, ICEFI.

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La sociedad guatemalteca cuenta con el enorme e irrepetible privilegio de su juventud: una de cada tres personas tiene entre 13 y 29 años, es decir, son 5.7 millones de adolescentes y jóvenes.

Sin embargo, el diagnóstico sobre su situación socioeconómica revela que su bienestar continúa dependiendo principalmente de la suerte familiar, lo que se correlaciona con la desigualdad y la exclusión social.

A nivel nacional, seis de cada diez jóvenes viven en condiciones de pobreza monetaria. Al profundizar el análisis se encuentra que ocho de cada diez jóvenes indígenas sobreviven en condiciones de pobreza; mientras, en el ámbito rural, la pobreza monetaria afecta la vida de tres de cada cuatro jóvenes.

Índice de pobreza

De acuerdo con el Índice de Pobreza Multidimensional de Guatemala (IPM-GT), elaborado por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), seis de cada diez jóvenes han sido privados del acceso a la salud, educación, seguridad alimentaria, vivienda adecuada, entre otros elementos básicos para su desarrollo, con significativas diferencias entre territorios.

Los embarazos en adolescentes y jóvenes y la maternidad temprana constituyen un problema social y sanitario que afecta a miles de mujeres, poniendo en riesgo su salud, comprometiendo sus oportunidades de acceder a la educación y a trabajos decentes, lo que altera profundamente sus proyectos de vida.

De acuerdo con el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (Osar), entre 2015 y 2020, se registraron 607,176 embarazos en adolescentes y jóvenes de 13 a 19 años. En cuanto al trabajo, únicamente tres de cada diez jóvenes ocupados tienen algunas de las garantías laborales básicas —un contrato de trabajo, bonificación anual para trabajadores (bono 14) y aguinaldo—, y solamente dos están afiliados al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

El 32.6% de los jóvenes se ocupa en la agricultura o ganadería, mientras un 27.7% lo hace en el comercio, estas dos actividades ocupan a seis de cada diez jóvenes, subiendo a casi ocho para el rango de 13 a 15 años.

Asimismo, se observa que uno de cada cuatro jóvenes, de entre 13 y 15 años, se encuentra económicamente activo e insertado de manera temprana en el mercado laboral. Otro elemento revelador del trabajo, remunerado y no remunerado, es que el 35.6% de las mujeres jóvenes realizan o buscan realizar actividades que les permitan generar ingresos monetarios.

En contraste, el 69.5% de las mujeres jóvenes, que no están económicamente activas, tienen como actividad principal el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo cual evidencia la desigualdad en la distribución de estas labores, que recaen principalmente en ellas.

En el plano fiscal, el estudio es innovador para Guatemala al estimar la inversión pública en la juventud (Ipjuve) ejecutada por el Gobierno Central y las entidades descentralizadas, entre 2015 y 2021, exponiendo que la misma está siendo limitada e insuficiente, representando en promedio el 2.4% del PIB.

A su vez, se observó que, en promedio el gobierno guatemalteco destinó de forma diaria a cada joven un monto de Q6.52 (lo que representa USD0.75 diarios), monto que a todas luces insuficiente para producir los bienes y servicios públicos necesarios para el desarrollo y bienestar de la juventud.

PNUD

Guatemala es un país donde un tercio de su población es joven, es decir, personas adolescentes y jóvenes veinteañeros, con una diversidad étnico-cultural expresada en múltiples pueblos y comunidades lingüísticas: Desde jóvenes mayas en el noroccidente del país, hasta jóvenes garífunas en Livingston que promueven su herencia cultural entre la niñez; desde la juventud ladina de oriente, hasta la xinka que redescubre su pasado lingüístico y cultural. Pero entre esta población joven se encuentran muchos rostros de exclusión: La malnutrición, el analfabetismo y la baja escolaridad, el desempleo y la informalidad, la falta de empadronamiento y capacidades para ejercer ciudadanía, la ausencia de tiempo para disfrutar, la migración forzosa y grupos en riesgo social, según lo expresa el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD.

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Por El Metropolitano

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