{"id":135659,"date":"2026-09-01T18:35:31","date_gmt":"2026-09-02T00:35:31","guid":{"rendered":"https:\/\/elmetropolitano.com.gt\/es\/?p=135659"},"modified":"2026-09-01T18:35:32","modified_gmt":"2026-09-02T00:35:32","slug":"el-costo-del-silencio-cuando-el-plato-se-encoge-y-el-poder-mira-hacia-otro-lado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmetropolitano.com.gt\/es\/el-costo-del-silencio-cuando-el-plato-se-encoge-y-el-poder-mira-hacia-otro-lado\/","title":{"rendered":"El costo del silencio: cuando el plato se encoge y el poder mira hacia otro lado"},"content":{"rendered":"\n<p>Mario Reyes \/ mariobarriosigl@gmail.com<\/p>\n\n\n\n<p>Hay momentos en los que un aumento de precios deja de ser una noticia econ\u00f3mica y se convierte en una experiencia \u00edntima. Se siente al llenar el tanque, al hacer las compras del mercado, al contar los billetes antes de llegar a la caja. En Guatemala, el encarecimiento de los combustibles est\u00e1 haciendo precisamente eso: meti\u00e9ndose en la vida cotidiana de millones de personas.<\/p><div class=\"elmet-contenido\" id=\"elmet-64010099\"><div class=\"elmet-adlabel\">Anuncios<\/div><div style=\"margin-top: 20px;margin-right: 20px;margin-bottom: 20px;margin-left: 20px;\" id=\"elmet-3018613450\"><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/arrincuanantigua\/\" aria-label=\"cintillo-arrin-cual\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/elmetropolitano.com.gt\/es\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/cintillo-arrin-cual-1.jpg\" alt=\"\"  srcset=\"https:\/\/elmetropolitano.com.gt\/es\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/cintillo-arrin-cual-1.jpg 750w, https:\/\/elmetropolitano.com.gt\/es\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/cintillo-arrin-cual-1-300x36.jpg 300w, https:\/\/elmetropolitano.com.gt\/es\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/cintillo-arrin-cual-1-600x72.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 750px) 100vw, 750px\" width=\"750\" height=\"90\"   \/><\/a><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>El problema es que el combustible no se queda en la gasolinera. Cada aumento en el precio del di\u00e9sel o la gasolina recorre el pa\u00eds como una corriente invisible. Viaja en los camiones que transportan alimentos, encarece el pasaje, aumenta los costos de producci\u00f3n y termina apareciendo en el mercado, disfrazado de unos centavos m\u00e1s en el tomate, el frijol, los huevos o las tortillas. La econom\u00eda funciona como una cadena: cuando una pieza se encarece, las dem\u00e1s terminan pagando la cuenta y la misma, por supuesto, no pesa igual para todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para una familia con ingresos suficientes, un aumento puede significar ajustar alguna compra, posponer una salida o reducir ciertos gastos. Para quien ya llega justo a fin de mes, significa elegir. Menos comida o menos medicina. Menos transporte o menos educaci\u00f3n. Pagar una deuda o llenar la despensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed deja de hablarse de estad\u00edsticas y empieza a hablarse de supervivencia. El malestar de los transportistas tampoco apareci\u00f3 de la nada. Quienes viven de mover personas y mercanc\u00edas enfrentan combustible m\u00e1s caro, mantenimiento constante y carreteras que, en demasiados lugares, parecen haber sido dise\u00f1adas para poner a prueba la paciencia y los amortiguadores. Cuando los costos operativos se comen el margen de ganancia, las opciones se reducen hasta convertirse en una especie de callej\u00f3n sin salida: subir las tarifas y trasladar el golpe al usuario, o dejar las unidades detenidas y asumir las p\u00e9rdidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna alternativa resulta amable. Mientras tanto, las familias hacen sus propias cuentas. Y son cuentas que rara vez cierran. El salario m\u00ednimo puede aumentar sobre el papel, pero la realidad del supermercado no se imprime en decretos. Cuando los precios de los alimentos, el transporte, la vivienda, la salud y otros servicios avanzan m\u00e1s r\u00e1pido que los ingresos, el trabajador termina corriendo detr\u00e1s de una econom\u00eda que siempre parece llevarle varios metros de ventaja.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo verdaderamente preocupante es lo que ocurre cuando ya no queda margen para recortar.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque una familia puede dejar de comprar ciertas cosas. Puede caminar en lugar de tomar transporte, cambiar una marca por otra o comer menos fuera de casa. Pero llega un punto en el que ya no se recortan lujos. Se recortan necesidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Y para los jubilados, el panorama puede ser todav\u00eda m\u00e1s duro. Quienes dedicaron d\u00e9cadas de su vida al trabajo llegan a la vejez con pensiones que, frente al costo actual de los alimentos y los medicamentos, resultan insuficientes. Es una paradoja dif\u00edcil de ignorar: despu\u00e9s de una vida contribuyendo al funcionamiento del pa\u00eds, muchos adultos mayores tienen que decidir entre comprar sus medicinas o llenar la despensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Una sociedad que obliga a sus ancianos a elegir entre comer y medicarse tiene un problema que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la inflaci\u00f3n. Tiene un problema de prioridades. Entonces aparece el otro protagonista de esta historia: el poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante una situaci\u00f3n que afecta directamente al bolsillo de la poblaci\u00f3n, el silencio oficial resulta dif\u00edcil de interpretar como una respuesta. El Gobierno necesita explicar qu\u00e9 est\u00e1 haciendo, qu\u00e9 alternativas existen y, sobre todo, qu\u00e9 puede hacer para evitar que los sectores m\u00e1s vulnerables terminen absorbiendo pr\u00e1cticamente todo el impacto.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de prometer soluciones m\u00e1gicas. El precio internacional de los combustibles no se controla desde un escritorio en Guatemala. Pero entre controlar el mercado mundial y quedarse de brazos cruzados existe un territorio enorme: medidas temporales, ayudas focalizadas y transparentes, fiscalizaci\u00f3n, coordinaci\u00f3n institucional y pol\u00edticas destinadas a amortiguar el golpe sobre quienes tienen menos capacidad para soportarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n corresponde al Congreso asumir su parte. Una agenda legislativa desconectada de las urgencias de la poblaci\u00f3n transmite un mensaje inc\u00f3modo: mientras las familias hacen cuentas con calculadora, algunos despachos parecen hacerlas con calendario. Las comisiones pueden reunirse, los discursos pueden multiplicarse y las iniciativas pueden acumular polvo, pero ninguna de esas cosas llena una despensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Gobernar no significa \u00fanicamente mantener funcionando la maquinaria administrativa. Gobernar tambi\u00e9n significa aparecer cuando las cosas se complican. Explicar. Escuchar. Tomar decisiones. Dar la cara, porque el silencio del poder tiene un costo y este costo lo termina pagando alguien. A veces aparece en la factura del combustible. Otras, en el precio de los alimentos. En una receta m\u00e9dica que se queda sin comprar. En un trabajador que ya no puede sostener su negocio. En un jubilado que estira una pensi\u00f3n como quien intenta convertir una s\u00e1bana peque\u00f1a en una cama demasiado grande.<\/p>\n\n\n\n<p>La paciencia social tampoco es infinita. Cuando una poblaci\u00f3n siente que sus dificultades crecen mientras quienes tienen capacidad de decisi\u00f3n permanecen inm\u00f3viles, la frustraci\u00f3n comienza a transformarse en desconfianza. Y la desconfianza, cuando se acumula durante demasiado tiempo, puede convertirse en algo mucho m\u00e1s dif\u00edcil de administrar. Por eso la discusi\u00f3n no deber\u00eda limitarse a cu\u00e1nto cuesta hoy llenar un tanque.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta verdaderamente inc\u00f3moda es cu\u00e1nto puede seguir encogi\u00e9ndose el plato antes de que el pa\u00eds entienda que no se trata simplemente de una cifra econ\u00f3mica, sino de la dignidad cotidiana de su gente. El combustible puede subir y bajar. Los mercados pueden cambiar. Las crisis, tarde o temprano, pasan. Pero cuando el poder decide mirar hacia otro lado mientras la ciudadan\u00eda hace malabares para llegar a fin de mes, el problema deja de ser \u00fanicamente econ\u00f3mico y se convierte en pol\u00edtico, sobre todo, en humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mario Reyes \/ mariobarriosigl@gmail.com Hay momentos en los que un aumento de precios deja de ser una noticia econ\u00f3mica y se convierte en una experiencia \u00edntima. 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