Esta semana quedará grabada en los anales de la geopolítica. La firma del acuerdo de paz entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo de Irán, que incluye la ansiada reapertura del Estrecho de Ormuz, ha enviado una señal de distensión a los mercados globales
Para el ciudadano de a pie, la lógica es abrumadoramente simple: si se pacifica la principal ruta de transporte petrolero del mundo, el precio del combustible debería desplomarse. Sin embargo, al acudir esta semana a las gasolineras de la Ciudad de Guatemala, la realidad microeconómica parece caminar a un ritmo muy distinto de la macroeconomía internacional.
Los precios de referencia del Ministerio de Energía y Minas (MEM) para la actual semana del 16 al 22 de junio apenas registran una tímida baja de 22 centavos por galón en las gasolinas.
En la capital, el galón de gasolina superior ronda los Q33.65 y la regular los Q32.85, para Para el transportista, el comerciante y la familia guatemalteca que ve mermado su poder adquisitivo, este «alivio» es prácticamente imperceptible. Surge entonces la pregunta obligada: ¿Cuándo veremos los verdaderos efectos de este histórico acuerdo en nuestro país?
La respuesta exige comprender cómo funciona la industria de los hidrocarburos y tener paciencia. El mercado de futuros reaccionó de inmediato a la noticia, pero el combustible físico que llega a nuestros puertos en el Caribe y el Pacífico se contrató hace semanas, cuando la incertidumbre bélica mantenía las primas de riesgo por las nubes. Tardará al menos de tres a cuatro semanas —es decir, hasta las primeras dos semanas de julio— para que el crudo derivado de la distensión en Oriente Medio se refine, cruce el océano y se refleje de manera contundente en las mangueras guatemaltecas.
A este retraso logístico se suma un factor doméstico crucial que actúa como una cortina de humo. Desde el 1 de mayo rige en Guatemala un subsidio a los combustibles que ha contenido artificialmente los precios.
Si bien esta medida ha evitado alzas más dolorosas para la población, también enmascara las verdaderas variaciones del mercado internacional. Además, existe la incertidumbre sobre el futuro de esta ayuda, con voces que sugieren que el subsidio podría terminar a finales de junio.
Ante este escenario, este medio hace un enérgico llamado al gobierno y al MEM. La paz en Oriente Medio es una oportunidad de oro para que Guatemala se prepare para una eventual transición sin el subsidio. Si el barril internacional baja por la reapertura del Estrecho de Ormuz, el Estado debe garantizar con fiscalización estricta que ese margen no se lo queden los intermediarios, sino que se transfiera de manera directa al consumidor final.
El mundo cambió esta semana y los mercados internacionales respiraron con tranquilidad. Ahora, le exigimos a nuestras autoridades que esa tranquilidad también llegue al bolsillo de los guatemaltecos. La diplomacia dio su paso; es hora de que la economía local haga lo propio.
Mario Reyes
mariorolandor@gmail.com
