Mario Reyes / mariobarriosigl@gmail.com

Las calles del Centro Histórico vuelven a ser testigo de una de las postales más dolorosas e indignantes de nuestra realidad nacional: adultos mayores, con pancartas en mano y megáfono al frente, clamando por un trato humano frente a las puertas del Congreso de la República. Hombres y mujeres que dedicaron décadas de esfuerzo productivo al desarrollo de Guatemala hoy reciben como recompensa pensiones de miseria, mientras el costo de la vida sofoca a las familias trabajadoras y la clase política continúa viviendo en una burbuja de privilegios.

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El reclamo de los jubilados y pensionados del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) no es un capricho; es un grito de supervivencia. Mientras los precios de la canasta básica se han disparado sin freno, el último ajuste significativo que muchos de ellos recuerdan data de hace cuatro años y fue de apenas Q60. Es una burla inaceptable pretender que un adulto mayor cubra alimentos, medicinas y vivienda con montos que no alcanzan ni para la subsistencia más elemental.

El contraste resulta ofensivo cuando se mira hacia el hemiciclo parlamentario. Mientras los jubilados deben mendigar centavos para no morir de hambre, los diputados no dudan en recetarse aumentos y prebendas que rondan los Q20 mil, demostrando una total desconexión con las penurias del pueblo que dicen representar. Esta asimetría no solo es inmoral, sino que desnuda la hipocresía estructural del Estado.

Asimismo, el señalamiento alcanza de forma directa al presidente Bernardo Arévalo. Su llegada al poder estuvo acompañada de promesas de justicia social, equidad y dignificación para los sectores más vulnerables. Sin embargo, la justicia no puede limitarse a discursos ni a buenas intenciones; se mide en el presupuesto, en la asignación de recursos y en la voluntad política real para saldar la deuda histórica con la clase trabajadora.

Gobernar con justicia significa priorizar a quienes ya lo entregaron todo por el país. Si el Ejecutivo y el Legislativo continúan dándole la espalda a las demandas de los pensionados del IGSS, confirmarán que el cambio prometido se quedó únicamente en el papel, perpetuando el abandono y la indiferencia hacia quienes merecen una vejez digna.

Por El Metropolitano

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