La participación de la delegación guatemalteca en el Campeonato Mundial ha quedado opacada por un bochornoso espectáculo administrativo propiciado por la Federación Nacional de Ciclismo de Guatemala. En lugar de garantizar las condiciones técnicas y logísticas para competir en la élite, la dirigencia ha expuesto al país a una auténtica vergüenza a nivel mundial. Esta cadena de errores evidencia una preocupante falta de planificación y un nulo respaldo hacia los atletas que, con enorme sacrificio, visten los colores patrios en la máxima exigencia del pedal.

El caso más indignante de esta desorganización lo protagonizó el pedalista Anderson Ajpacaja, quien acudió a su primera cita mundialista en la Contrarreloj Individual (CRI) sin el equipamiento reglamentario. Durante la estricta revisión técnica, los comisarios internacionales detectaron que el apoya brazos de su bicicleta no cumplía con las medidas exigidas, obligando a los mecánicos a remendar la pieza con cinta aislante para autorizar su salida. Ver a un Campeón Nacional Juvenil recurriendo a parches de emergencia de última hora refleja el absoluto abandono de una federación incapaz de proveer el material idóneo para la alta competencia.

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Esta precariedad en el equipamiento no fue un incidente aislado, sino el reflejo de una inoperancia institucional que también golpeó la logística básica de viaje. Los experimentados ciclistas Mardoqueo Vásquez y Manuel Rodas estuvieron al borde de quedar fuera de esta justa mundialista debido a que las autoridades no gestionaron sus visas con la antelación requerida. Poner en riesgo la participación de los máximos exponentes del ciclismo nacional por negligencia burocrática es un acto imperdonable que demuestra el amateurismo de quienes dirigen el deporte.

Competir en un Mundial no es presentarse a cualquier carrera de fin de semana; es el escenario más implacable del globo, donde las potencias invierten en tecnología milimétrica y planificación exhaustiva. Pretender minimizar estos graves fallos administrativos es una falta de respeto al talento de deportistas que, llenos de coraje y dignidad, deben sortear la improvisación directiva antes siquiera de tomar la salida. Los ciclistas están haciendo su trabajo superando obstáculos sobre el asfalto, pero los burócratas están fallando miserablemente desde sus escritorios.

Es imperativo que el deporte guatemalteco deje de normalizar la mediocridad institucional como un estándar aceptable. La valentía demostrada por los ciclistas no exime de responsabilidad a los dirigentes de la federación, quienes deben rendir cuentas inmediatas por exponer al país a este nivel de ridículo. Guatemala tiene talento de sobra para rodar con honor, pero mientras nuestros atletas pedalean hacia el futuro, la gestión federativa sigue atascada en el subdesarrollo, sostenida apenas con cinta de aislar.

Aunque no debe extrañarnos la falta de apoyo a los atletas, pues solo falta voltear a ver a un estadio nacional Doroteo Guamuch en completo abandono, mientras que la dirigencia deportiva con jugosos salarios y aferrados a sus puestos, quedándose con el dinero del deporte, mientras los atletas compiten en condiciones precarias, que vergüenza.

Texto Mario Reyes

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Por El Metropolitano

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