El organismo advierte sobre sequías, inundaciones y calor extremo entre 2026 y 2027. Unos 50 millones de personas podrían enfrentar un aumento del hambre si se materializan los riesgos previstos.
La Organización de las Naciones Unidas alertó sobre un episodio de El Niño potencialmente excepcional, cuyos efectos amenazan la producción de alimentos, el abastecimiento de agua y la seguridad de comunidades vulnerables. Según Noticias ONU, el responsable humanitario del organismo, Tom Fletcher, lo describió como una “bola de demolición” por sus posibles consecuencias en América Latina, África, Asia y el Pacífico.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que las temperaturas superficiales del Pacífico tropical podrían situarse hasta 3,8 °C por encima de la media entre noviembre de 2026 y enero de 2027: una proyección oceánica regional, no un aumento equivalente de la temperatura de todo el planeta.
El Niño no es una tormenta que recorre países, sino un patrón climático natural asociado al calentamiento del Pacífico ecuatorial y a cambios en la circulación atmosférica. Su influencia altera las lluvias y las temperaturas, favoreciendo sequías en algunas regiones y precipitaciones intensas en otras. Por ello, la advertencia exige distinguir entre el riesgo previsto y los daños efectivamente registrados: no todos los territorios sufrirán los mismos efectos ni puede atribuirse automáticamente cada inundación u ola de calor al fenómeno.
La amenaza más profunda es la combinación de impactos sobre hogares que ya tienen dificultades para alimentarse y sostener sus ingresos. Fletcher advirtió que unos 50 millones de personas podrían enfrentar un aumento del hambre; esa cifra expresa un riesgo, no un balance de afectados confirmados.
Para Centroamérica, la ONU reclamó apoyo inmediato destinado a proteger los medios de subsistencia. En Guatemala, esa alerta regional debe traducirse en preparación y seguimiento de los pronósticos nacionales, sin presentar como inevitables pérdidas agrícolas o emergencias que todavía no están documentadas.
El análisis apunta a una diferencia decisiva: un fenómeno climático intenso no tiene por qué convertirse en una catástrofe humanitaria de igual magnitud. La ONU anunció la liberación de más de 50 millones de dólares para apoyar a 11 países, mientras la OMM insistió en aprovechar las previsiones y las alertas tempranas.
Proteger las fuentes de agua, respaldar a los productores y preparar la respuesta ante inundaciones son prioridades preventivas; esperar a que las cosechas se pierdan o las comunidades queden aisladas reduciría el margen de acción y agravaría las necesidades de asistencia.
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