Esta es una ley universal: Cuando usted recibe y reparte se le da más. Cuando nosotros recibimos y damos se nos es dado más, pero si nosotros no damos lo que recibimos correctamente ¿cree que se nos dará más después? No.
El mar Muerto recibe las aguas del río Jordán toda la vida, pero no las devuelve, porque no tiene canales de salida. Allí se queda, allí se pierde. El agua del mar Muerto, como consecuencia del depósito de minerales, tiene un sabor amargo. En cambio, el agua del río Jordán enriquece a todo Israel y en sus riveras hay grandes extensiones de terreno que producen flores, naranjas, verduras y todo tipo de fruta, porque es un agua que corre, es un agua que da, es un agua que sirve para que otros rieguen sus cultivos. Si usted es como el Mar Muerto que solo recibe y no da, usted no es fructífero.
Me permito preguntarle: ¿Es usted como el mar Muerto o como el río Jordán? ¿Es usted quien recibe sólo para acumular, o recibe para dar? El que da prospera, el generoso es prosperado.
Dar para la obra de Dios y dar para sembrar es otro tipo de ofrendas que no solamente nos permiten cumplir con los mandamientos del Señor, sino que nos abren los cielos para recibir la bendición de prosperar.
¿Habrá sembrado usted alguna vez en la vida? Cuando usted siembra, cosecha. La ley de la cosecha se aplica siempre. Siembre amor y cosechará amor, siembre respeto y cosechará respeto. Siembre vientos y cosechará tempestades. Cada vez que nosotros sembramos en la obra del Señor, cosechamos.
En 2 de Corintios 9:6 al 9 leemos: “Y digo esto: El que siembra escasamente cosechará escasamente, y el que siembra con generosidad también con generosidad cosechará.
Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en ustedes toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abunden para toda buena obra; como está escrito: Esparció; dio a los pobres. Su justicia permanece para siempre.” Yo he vivido distintas circunstancias, y siempre he sido abundado porque mi fe está puesta en Dios, y he aprendido a sembrar en toda circunstancia, en todo gobierno, en todo momento.
Si usted siembra, siempre cosechará. El que da semilla al que siembra y pan para comer, proveerá y multiplicará la semilla de ustedes y aumentará los frutos de la justicia de ustedes, dice el versículo 10. Preste atención al versículo 11: “Esto, para que sean enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce acciones de gracias a Dios por medio de nosotros.” He conocido a miembros de la congregación que fueron pobres o extremadamente pobres, pero el Señor los ha enriquecido en todo sentido.
Los enriqueció en espíritu, en salud, en su negocio, en sus finanzas. Fueron bendecidos porque esa es la promesa del Señor para que nosotros seamos hoy, y en todos los tiempos, enriquecidos.
En ninguna parte de la Biblia dice que “el Señor quiere que seamos empobrecidos”. ¡Gracias a Dios! Él no quiere que a usted le falte nada. Él no quiere que ande pidiendo limosna, no quiere que esté hambriento. Quiere que usted esté enriquecido en todo sentido.
Pero esto lo dice Pablo luego de enseñarnos que debemos sembrar. El que siembra poco, cosecha poco. El que siembra mucho, cosecha mucho. Vale la pena sembrar en la obra del Señor porque hay una respuesta de prosperidad. Dar para sembrar es muy importante. Cada vez que nosotros damos, recibimos.
Seamos sembradores generosos, así como nuestro Padre es generoso con nosotros y nos dio lo más preciado, a su único hijo, Jesús nuestro Salvador. sta y otras claves las encuentra en mi libro “Fórmulas bíblicas para prosperar” y lo puede adquirir en Fráter Librería o si está fuera de Guatemala, en los libros de Amazon.
Autor: Dr. Jorge H. López
pastor@jorgehlopez.org
